El poder de bajar el ritmo: música, naturaleza y un momento para volver a ti
Hay mañanas en las que el mundo parece tener demasiada prisa.
El teléfono empieza a sonar. Los mensajes esperan. El café se enfría mientras haces tres cosas a la vez y, antes de darte cuenta, ya estás pensando en todo lo que tienes que hacer mañana. Y entonces existe otra posibilidad.
Un bosque temprano por la mañana. La luz atravesando lentamente los árboles. El canto de los pájaros. Un piano suave. Unas voces que aparecen y desaparecen entre la música. Pequeñas partículas de luz flotando en el aire como si alguien hubiera decidido espolvorear un poco de magia sobre el paisaje. Y, por una vez, no tienes que hacer nada. Solo escuchar.
Vivimos rodeados de ruido
No siempre somos conscientes de cuánto ruido llevamos encima.
No me refiero únicamente al ruido de los coches, los teléfonos o los vecinos que parecen tener una relación personal con el taladro eléctrico. También está el ruido mental.
La lista de cosas pendientes. Las conversaciones que seguimos repitiendo en nuestra cabeza. Las decisiones que tenemos que tomar. El correo que todavía no hemos contestado. Ese pequeño pensamiento que aparece justo cuando intentamos relajarnos y dice: “Por cierto, ¿te has acordado de...?”
Por eso crear pequeños momentos de pausa puede ser tan valioso. No hace falta desaparecer durante una semana a una cabaña en mitad del bosque, (aunque, sinceramente, no me parece una idea terrible.) A veces, treinta minutos son suficientes para cambiar el ritmo de una mañana.
Cuando la naturaleza se convierte en parte de la música
Hay algo particularmente especial en escuchar música acompañada de sonidos naturales. El canto de los pájaros, el movimiento imaginario de las hojas, el espacio entre una nota de piano y la siguiente...No intentan competir entre ellos. Simplemente conviven.
La investigación sobre música y sonidos de la naturaleza está explorando precisamente cómo estas experiencias pueden relacionarse con el bienestar y el estado emocional. Los resultados son interesantes, aunque todavía no tenemos una explicación definitiva ni una fórmula universal para decir qué funciona para todo el mundo.
Y quizá tampoco necesitamos una.
Porque escuchar algo que nos resulta agradable y crear conscientemente unos minutos de tranquilidad ya puede ser una experiencia suficientemente buena.
Música para no hacer absolutamente nada
Una de mis cosas favoritas de la música meditativa es que no siempre tiene que tener una tarea.
No tienes que utilizarla para “trabajar en ti”.
No tienes que conseguir un estado especial de conciencia.
No tienes que sentarte con las piernas cruzadas, encender siete velas y convertirte en una persona que jamás se enfada con nadie.
Puedes simplemente escuchar.
Puedes preparar tu café.
Escribir en tu diario.
Hacer Reiki.
Estirar.
Leer.
Mirar por la ventana.
O tumbarte en el sofá durante treinta y un minutos y disfrutar de no producir absolutamente nada.
También eso cuenta.
¿Y qué tiene que ver el 417 Hz?
En esta pieza he incorporado de manera muy sutil un tono de 417 Hz.
Dentro de las prácticas contemporáneas relacionadas con los chakras y las frecuencias Solfeggio, el 417 Hz suele asociarse con el chakra sacro, Svadhisthana.
Tradicionalmente, este chakra se relaciona con temas como la creatividad, las emociones, el placer, el movimiento y la capacidad de adaptarnos al cambio.
Son asociaciones que forman parte de determinadas tradiciones y prácticas de bienestar; no significan que escuchar una frecuencia concreta vaya a producir automáticamente un resultado físico o emocional determinado. Y, francamente, no necesitas creer nada de esto para disfrutar de la música.
El 417 Hz está ahí, formando parte del paisaje sonoro. El protagonista es la experiencia.
Una mañana para volver a tu propio ritmo
Quizá por eso me gusta tanto la idea de este vídeo. No pretende arreglarte ni convertirte en una versión mejorada de ti misma antes de las nueve de la mañana.
Simplemente crea un pequeño espacio: un lugar donde el piano puede sonar, los pájaros pueden hacer lo suyo, la luz puede atravesar los árboles y tú puedes respirar sin tener que llegar a ninguna parte.
A veces no necesitamos que algo nos cambie; necesitamos simplemente un momento en el que no tengamos que hacer absolutamente nada.
Prueba esto
La próxima vez que necesites desconectar, pon el vídeo, baja un poco el volumen y deja el teléfono fuera de tu alcance.
No hagas nada durante los primeros cinco minutos.
Después, si quieres, puedes cerrar los ojos y prestar atención a los sonidos.
¿Qué escuchas?
¿Qué notas en tu respiración?
¿Tu cuerpo se siente diferente cuando dejas de intentar hacer algo?
No busques una respuesta espectacular.
A veces la respuesta es simplemente:
“Qué bien estar aquí.”
Y eso es más que suficiente.
31 minutos en el bosque
He creado este paisaje sonoro como un acompañamiento para esos pequeños momentos en los que necesitamos bajar el ritmo.
La música combina piano suave, voces etéreas, canto de pájaros y sonidos de naturaleza, con el 417 Hz integrado discretamente en el fondo.
Puedes utilizarla durante una práctica de Reiki, meditación, journaling, yoga suave o simplemente como música de fondo mientras empiezas el día.
🎧 Escúchala aquí:
Baja el ritmo. Respira. Y deja que el bosque haga el resto.
Porque quizá el bienestar no siempre consiste en añadir otra cosa a nuestra lista. Quizá, de vez en cuando, consiste precisamente en quitar algunas. Una cosa menos que hacer, un pensamiento menos que perseguir, unos minutos sin mirar el teléfono y, por fin, una mañana que puede empezar despacio. Sin objetivos, sin prisas y sin la sensación de que deberíamos estar haciendo algo más. Simplemente estar aquí, durante un momento, y dejar que el día empiece a su propio ritmo.
Una lectura para esos momentos en los que quizá no necesitas hacer más, sino aprender a parar, respirar y estar un poco más presente.
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